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Entrevista a la Arq. Amparo Abarca: aprender haciendo, valorar el pasado y construir el buen vivir


1.
A lo largo de su trayectoria en arquitectura, gestión pública y conservación del patrimonio, ¿Qué aprendizajes han marcado especialmente su manera de entender la profesión?

La profesión la concibo como el símil de servicio; un servicio que resuelve problemas, agiliza procedimientos, optimiza tiempos, integra conocimientos y responde al tiempo. Un servicio que exige abordar el problema in situ, con la participación de todos los actores involucrados que garantizan la licencia social y con ella la perdurabilidad de una obra. Un servicio que no pierde de vista el pasado, convive con él por las lecciones que trae consigo.

Otorgar un certificado de parámetros urbanísticos en un día, lograr la suscripción de un convenio de cooperación interinstitucional en una sola reunión, hacer tres talleres participativos en tres distritos aledaños en un solo día, recorrer a pie probables rutas de trekking en tres o cuatro días seguidos y presentar una sólida propuesta integral de intervención pública en 30 días, … no es imposible; cuando la profesión es un servicio.

Organizar el trabajo a tiempo, sistematizar y automatizar procesos, optimizar recursos, designar y delegar funciones coherentes al perfil profesional, horizontalizar la comunicación, manejar contingencias, escuchar, ser puntuales, ponerse en el zapato del otro, valorar la obra que viene del pasado, … son algunos de los aprendizajes que fundamentan concebir la profesión como servicio en mis 27 años como arquitecta.

2. Su experiencia profesional la ha llevado a trabajar en ámbitos relacionados con el desarrollo urbano, el patrimonio y los proyectos públicos. ¿Cuáles considera que son algunos de los principales retos que enfrenta actualmente la arquitectura para responder a las necesidades de la sociedad?

Hacer que las personas vivan felices, considero el reto más grande de la arquitectura hoy.  Con programas de planificación que articulen territorios diversos pero complementarios, que posibilite la generación de excedentes y mejore las condiciones de vida. Con ciudades concebidas con usos mixtos donde se pueda dormir, trabajar, estudiar, atenderse la salud, disfrutar en familia, recrearse …; todo ello, con mínimo tiempo de transporte. 

Con barrios cuyos vecinos compartan la vida diaria en los espacios públicos caracterizados por parques, áreas verdes, senderos peatonales, plazuelas y áreas de abastecimiento accesibles. Con usos y costumbres vivas, donde la materialidad e inmaterialidad sean el binomio rector de la vida cotidiana. Donde la economía circular sea una cultura y la huella de carbono mínima, una responsabilidad por convicción.

Con viviendas multifamiliares que optimicen el espacio sin sacrificar la iluminación y ventilación natural, conectadas con el espacio público y con el vecindario. Viviendas que construyan ciudad, que sean permeables y activas. Emplazadas en áreas cuyos suelos presenten competencia geotécnica sin excepción para encarar adversidades atmosféricas. El buen vivir está en gran medida en las manos de los arquitectos, sin duda.

3. Muchos de estos desafíos requieren conocimientos y perspectivas de distintas disciplinas. Desde su experiencia, ¿Qué ha aprendido sobre la importancia del trabajo multidisciplinario y qué valor aporta a los proyectos?

Abordar un problema con un trabajo multidisciplinario constituye la única garantía para su resolución eficiente. Actúan diversas áreas del conocimiento, varios enfoques, muchas posibilidades. Se interrelacionan procesos necesarios para el encare de escenarios en permanente movimiento. Entonces, las respuestas son sólidas por cubrirse integralmente todas las aristas del problema en un tiempo optimizado y recursos públicos bien utilizados.

Necesitamos comunicarnos con los distintos actores locales, explicarles sobre las estructuras civiles necesarias, la arquitectura pertinente, el impacto ambiental, la articulación de recursos, la conexión con el pasado, las perspectivas futuras, el aprovechamiento de las potencialidades locales, la gestión de recursos, entre otros; todo ello, con el indispensable concurso de un equipo profesional multidisciplinario.

Si esto es así, se habrá dado respuesta eficaz a una real demanda o necesidad, abordada en su máxima amplitud por la cobertura planificada de los proyectos; plenamente alineados a las políticas nacionales, regionales y locales; vinculados a otros proyectos en marcha y garantizando su sostenibilidad en el tiempo. Siendo activa la participación de todos los actores involucrados cuya apropiación del proyecto garantiza su permanencia.

4. Actualmente también se desempeña como docente. ¿Qué retos encuentra en la formación de los futuros profesionales y qué procura transmitirles más allá de los conocimientos técnicos de la carrera?

“Aprendo haciendo”, es la cultura educativa que practico en la docencia universitaria. Considero que los estudiantes necesitan estar conectados con la realidad desde el primer día en las aulas. Por tanto, los contenidos teóricos impartidos están enfocados a preparar al estudiante para dar respuesta desde la arquitectura a las necesidades de la población. Implica enseñarles a pensar como arquitectos no a ser arquitectos, ello es muy personal.

Los avances tecnológicos y la globalización nos conectan con el mundo; sin embargo, tener sentido de pertenencia, valorar nuestro pasado ancestral y lograr una arquitectura propia que trascienda en el tiempo, es el mayor reto. No hay camino corto, las mejores soluciones son resultado del trabajo en equipo. Conocer el estado del arte determina cuál es mi aporte al conocimiento o qué problema debo resolver.

El solicitarles identificar un problema real y las probables soluciones, los encara con el quehacer del arquitecto. Soluciones que demandarán organizar el trabajo en equipo, investigar, leer, hacer trabajo de campo, mensurar, comunicarse, resolver dificultades, preparar contingencias. Lograr un habitar donde coexistan los hombres y la naturaleza; edificando con virtud, ética y empatía; siendo el arquitecto el cuidador de principios.

5. Finalmente, ¿Qué valor considera que tiene para los estudiantes y jóvenes profesionales contar con espacios como PROUNI, donde pueden acercarse a distintas experiencias y perspectivas profesionales?

Es un valor agregado fundamental y sui géneris, que complementa la formación académica con habilidades sociales y liderazgo, a partir del contacto con experiencias exitosas compartidas por egresados UNI, así como el contacto in situ con sectores empresariales que los motiva e inspira para contar en el futuro con un perfil profesional integral y de alta competencia que les posibilite contribuir al desarrollo de nuestro país.

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