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Entrevista a la Dra. Alicia Miñano: el verdadero crecimiento ocurre en las fronteras del conocimiento


1. Su trayectoria profesional ha integrado el servicio público, el derecho, las finanzas, la docencia y el emprendimiento. ¿Qué la motivó a asumir nuevos retos y construir un camino tan diverso a lo largo de su carrera?

Mi vocación de servicio nació temprano, siendo oficial de la Policía Nacional del Perú, donde durante casi una década me desempeñé como analista en la lucha contra el tráfico ilícito de drogas. Investigar organizaciones criminales me enseñó mucho, sobre todo que los problemas reales no respetan las fronteras de una sola disciplina, pues detrás de cada estructura había dinero, decisiones, normas, empresas y personas con historias concretas que era preciso comprender, para poder desarticular y librar a la sociedad de esta amenaza. Esta profesión me llevó a estudiar derecho en la USMP y me mostró que estas dos carreras por sí solas no bastaban para explicar el fenómeno social de la criminalidad. De esta manera continué con mi determinación de aprender, por lo que hice una maestría en Finanzas y Derecho Corporativo en la Universidad ESAN, donde comprendí la importancia de la matemática financiera y la contabilidad para las empresas; aun así, sentía que algo faltaba, así que decidí formarme como coach ontológico en la Escuela internacional New Field. Ese recorrido me llevó más adelante a emprender mi propia firma y también a llevar esa trayectoria y esos conocimientos al aula como docente e investigadora multidisciplinaria. Lo que en apariencia son campos distintos, para mí siempre fue un mismo propósito visto desde distintos ángulos, esto es, comprender los problemas sociales en su integridad para poder servir mejor. Asumir nuevos retos nunca ha sido, para mí, buscar la comodidad, sino honrar esa vocación de aprender y aportar allí donde las disciplinas se encuentran.

2. A lo largo de esa trayectoria, ¿Qué experiencia considera que más contribuyó a su crecimiento profesional y personal, y qué aprendizaje le dejó?

Definitivamente, emprender y sostener mi propia firma (www.glf.com.pe) me enseñó que la excelencia técnica es inseparable de la responsabilidad humana con cada cliente. Por ello nuestro lema es «armonizar diferencias, gestionar sueños y crear confianza», lo que implica no solo contar con competencias cognitivas, sino también con competencias del ser, fundamentales hoy para enfrentar los desafíos de la modernidad tecnológica en que vivimos. Los aprendizajes son innumerables, pero uno que puedo destacar es que el verdadero crecimiento ocurre en esos espacios de frontera de las áreas del conocimiento, donde uno se atreve a integrar lo que otros ven como separado, y que la humildad para seguir aprendiendo es la única constante que sostiene una carrera larga y con sentido. Sin duda también el proceso de construir mi línea de investigación en torno al «derecho contable«, y en particular mi tesis doctoral, que sostiene el valor de los estados financieros como prueba directa en el derecho procesal peruano, fue una de las experiencias que más me transformó. Significó adentrarme en un territorio poco explorado, dialogar con disciplinas ajenas a mi formación original y, sobre todo, aceptar la incomodidad de no saberlo todo y volver a ser aprendiz.

3. En un entorno donde las profesiones evolucionan constantemente, ¿Qué habilidades o actitudes considera fundamentales para que un profesional pueda adaptarse a los cambios y asumir nuevos desafíos?

Considero que la habilidad más decisiva no es una técnica en particular, sino la disposición permanente a aprender y desaprender. Los conocimientos se vuelven obsoletos con rapidez, ahora mucho más que antes; lo que perdura es la capacidad de pensar de manera sistémica, de conectar aquello que a primera vista parece inconexo. A ello sumaría la resiliencia frente a la incertidumbre, algo que aprendí en carne propia en mis años de servicio policial, donde había que decidir con firmeza y serenidad en escenarios exigentes, junto con la curiosidad genuina como motor de toda formación y, algo que la técnica suele descuidar, las competencias emocionales y relacionales, es decir, saber escuchar, comunicar y trabajar con otros. También, desde mi experiencia y formación como coach ontológico he confirmado que el profesional que se adapta mejor no es necesariamente el más talentoso, sino el que cultiva una mirada abierta y ética, capaz de reinventarse sin perder sus principios. La adaptabilidad, en el fondo, es una forma de coraje y también de valentía. Por ello los autores clásicos sostenían que el autoconocimiento es un compromiso por el cual todos debemos atravesar, tarea que aún hoy sigue pendiente en las universidades. Como afirma Edgar Morin, la ciencia tradicional no ha logrado resolver los problemas sociales debido a la objetividad que soslaya la subjetividad humana, de la cual no podemos desprendernos. Como sostengo en mi tesis doctoral, no es posible “disociar el ser del hacer”. De ahí que lo primero que debamos preguntarnos como docentes sea cuánto estamos atendiendo a ese ser y cómo influye en el perfil de nuestros profesionales y su impacto en el entorno. Por eso las habilidades del ser resultan fundamentales para adaptarnos a los cambios incesantes del mundo

4. Desde su experiencia, ¿De qué manera el derecho y la ingeniería pueden complementarse para afrontar los desafíos de las organizaciones y la sociedad?

Aunque mi formación es jurídica y financiera, y no de ingeniería, precisamente por trabajar en esa intersección he comprobado cuánto tienen en común ambas disciplinas: las dos exigen rigor, pensamiento estructural y una vocación de resolver problemas con método. La ingeniería aporta la capacidad de diseñar, cuantificar y construir soluciones objetivas; el derecho aporta el marco normativo, ético y de gobernanza que las hace legítimas y sostenibles. En un mundo donde la tecnología redefine los derechos, ninguna de las dos disciplinas es suficiente por sí sola. Basta pensar en la protección de datos, los derechos digitales, la contratación de grandes proyectos de infraestructura o la arquitectura financiera y legal de las organizaciones. La complejidad de los desafíos actuales reclama, como enseña Edgar Morin, una mirada transdisciplinaria: ingenieros que comprendan el impacto jurídico de lo que diseñan y juristas que dominen la lógica técnica y financiera de aquello que regulan. De ese diálogo nacen las innovaciones verdaderamente responsables con la sociedad. Como ejemplo de esa transdisciplinariedad comparto algunos enlaces de mis artículos publicados:

TÍTULOAÑOENLACE
Enfoque jurídico de la contabilidad: una mirada desde el paradigma de la complejidad2026Ver artículo
Derechos Fundamentales en pugna con el derecho al olvido digital2026Ver artículo
Sistema jurídico peruano y derecho sistémico brasileño: Propuesta alternativa para solución de conflictos2025Ver artículo
Inteligencia emocional digital para abogados: Una aproximación a la luz del Coaching Ontológico2025Ver artículo
La capitalización de intereses en la legislación peruana y su repercusión en el ámbito procesal2023Ver artículo
Desafíos de los sistemas jurídicos especializados en el siglo XXI – III Congreso Internacional y Multicampus de Investigación Socio Jurídica. «Los Estados Financieros como medios probatorios en el derecho procesal peruano»2022Ver artículo

5. Finalmente, ¿Qué aporte considera que puede generar el PROUNI al acercar a los estudiantes a profesionales de distintas disciplinas y contribuir a una formación más integral?

El mayor aporte de PROUNI es, a mi juicio, romper los silos que durante mucho tiempo han fragmentado la formación profesional. Acercar a los estudiantes a profesionales de campos diversos les permite descubrir, en plena etapa formativa, que los grandes problemas de las organizaciones y de la sociedad son inevitablemente interdisciplinarios y que ninguna profesión los resuelve en soledad. Iniciativas como esta siembran algo que las mallas curriculares no han logrado incorporar hasta hoy, a pesar de la reforma educativa de 2017, que exige el aprendizaje por competencias; del cual uno de sus componentes es, justamente, el de las competencias del ser o competencias actitudinales. Sin embargo, ello existe solo de manera nominal, pues en la práctica no se desarrolla lo que se enuncia en los Sílabos. Me refiero a la capacidad de dialogar con otras lógicas, de valorar el conocimiento ajeno y de asumir que la técnica, sin una dimensión ética, ontológica y humana, queda incompleta. Formar profesionales integrales no es acumular títulos, sino cultivar mentes abiertas, sensibles y comprometidas con su entorno. Ese fue, justamente, el aprendizaje que nos dejó la crisis financiera de 2008, aunque con el paso del tiempo lo vayamos olvidando. En ese sentido, PROUNI no solo enriquece la formación académica, sino que contribuye a forjar ciudadanos íntegros, conscientes de que los problemas sociales no se resuelven únicamente con competencias cognitivas, sino también con competencias del ser. Estas deben desarrollarse en cada profesional y en cada área del conocimiento. Por eso PROUNI constituye un espacio único en la sociedad peruana.

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