ProUni

Entrevista a la ing. Nelly Huarcaya

1. Desde su experiencia, ¿cómo percibe la evolución de la formación en ingeniería en los últimos años?

Desde mi experiencia, percibo que la evolución de la formación en ingeniería ha sido predominantemente reactiva, adaptándose a las tendencias del mercado y los avances tecnológicos a medida que surgen, en lugar de anticiparse a ellos. Un hito transformador fue la pandemia, que impuso una digitalización de contingencia; sin embargo, más allá de la urgencia, este periodo nos permitió validar nuevas metodologías de enseñanza y visibilizar las demandas reales de la evolución científica actual.

Por otro lado, noto una brecha importante en la agenda de la academia y las asociaciones profesionales: se prioriza la acreditación como un fin en sí mismo para facilitar la movilidad internacional, pero se posterga la discusión profunda sobre la calidad del modelo pedagógico. Es necesario transitar de una evaluación basada en referentes externos hacia una reflexión crítica sobre el patrón formativo que el ingeniero del futuro realmente necesita.

2. ¿Qué rol considera que cumplen los docentes en la formación de ingenieros no solo competentes técnicamente, sino también comprometidos con el desarrollo del país?

Más que un transmisor de información, el docente es el puente entre la teoría y el propósito nacional. Si el profesor logra conectar las lecciones con desafíos reales del desarrollo país, despierta en el alumno una motivación que va más allá del mercado laboral. El rol del docente es, entonces, el de un mentor de visión: alguien que, a través del respeto y la experiencia compartida, inspira al futuro ingeniero a ver su profesión como un servicio al bienestar colectivo y a la soberanía tecnológica.

Cuando el profesor matiza sus lecciones con experiencias en proyectos que impulsan la soberanía tecnológica o el bienestar social, logra dos objetivos críticos: valida su autoridad académica a través de la coherencia ética y transforma la motivación del estudiante. De este modo, el futuro ingeniero deja de ver la técnica como un fin individual y comienza a entenderla como un compromiso ético con el progreso del país

3. ¿Qué retos encuentra hoy en el aula al formar ingenieros frente a un entorno tecnológico y social que cambia tan rápido? 

Formar ingenieros en el contexto actual implica navegar un entorno de cambios acelerados donde identifico cuatro retos fundamentales:

a.      Alineación de Expectativas: Existe una brecha entre el pragmatismo de los estudiantes, enfocados en las demandas inmediatas del mercado, y la visión académica del docente, centrada en el rigor de los objetivos de aprendizaje. El desafío es armonizar ambos intereses para que el alumno valore la base teórica como un activo competitivo.

b.     Contextualización y Propósito: Es difícil transmitir la relevancia de ciertas materias sin un anclaje en la realidad. El reto es romper la abstracción mediante la casuística real y el acercamiento directo a la industria (visitas técnicas o proyectos en empresas), permitiendo que el estudiante experimente la necesidad del conocimiento antes de adquirirlo.

c.      Interdisciplinariedad y Sinergia: La resolución de problemas complejos hoy exige una visión transversal. Sin embargo, el sistema actual tiende a aislar a los alumnos por especialidad y nivel. El reto es fomentar espacios que simulen entornos laborales reales, donde la sinergia entre diferentes ramas de la ingeniería sea indispensable para el éxito.

d.     Integración Ética de la IA: El desafío no es solo técnico, sino metodológico: cómo integrar la Inteligencia Artificial como una herramienta que potencie la capacidad de análisis y amplíe la visión del ingeniero, evitando que se convierta en un atajo hacia el facilismo práctico que anule el pensamiento crítico.

4.     ¿Qué habilidades o actitudes considera fundamentales que los futuros ingenieros deben desarrollar para enfrentar los desafíos actuales del entorno profesional?

Para enfrentar los desafíos actuales, considero que el ingeniero debe trascender la competencia técnica tradicional y adoptar una mentalidad de arquitecto de soluciones integrales. Las habilidades y actitudes fundamentales son:

  • Visión de Convergencia Tecnológica: La práctica de la ingeniería ha dejado de ser estanca. Hoy, un ingeniero civil debe entender de sensores inteligentes, y un ingeniero industrial de nuevos materiales o biotecnología. La habilidad fundamental es la capacidad de integrar tecnologías híbridas (físicas, digitales y biológicas) para optimizar procesos y crear soluciones sostenibles.
  • Pensamiento de Sistemas y Diseño Evolutivo: Dado que las tecnologías cambian en ciclos cada vez más cortos, el ingeniero debe diseñar pensando en la escalabilidad y la adaptabilidad. Ya no se diseña una solución ‘estática’, sino sistemas que puedan evolucionar y recibir actualizaciones tecnológicas sin quedar obsoletos prematuramente.
  • Criterio Ético y Análisis de Impacto: Con el aumento del poder tecnológico (IA, edición genética, energías renovables, nuevos materiales), la actitud de responsabilidad ética es vital. El ingeniero debe evaluar no solo si algo es técnicamente posible, sino si es social y ambientalmente responsable para el desarrollo del país.
  • Gestión del Conocimiento y Curiosidad Permanente: Ante la velocidad de la innovación en todos los campos, la actitud de aprendizaje autónomo es la mayor ventaja competitiva. El ingeniero debe ser un gestor de información capaz de filtrar qué innovaciones aportan valor real a su realidad nacional y cuáles son solo tendencias pasajeras.
  • Liderazgo Interdisciplinario: La complejidad actual exige que el ingeniero sea el puente entre diferentes áreas. Debe desarrollar la habilidad de liderar equipos diversos donde convergen distintas especialidades, logrando una sinergia que permita una resolución de problemas más eficiente y eficiente.

5. ¿De qué manera el PROUNI puede complementar la formación académica que reciben los estudiantes en la UNI?

Considero que el PROUNI cumple un rol fundamental al actuar como el catalizador entre la excelencia académica de la UNI y las demandas reales del entorno global. Su contribución complementa la formación del estudiante en tres ejes estratégicos:

Actualización frente a Tecnologías Emergentes: El Patronato podría ayudar a que la formación no sea reactiva, mediante el apoyo en equipamiento, laboratorios, la canalización de fondos y promoviendo la capacitación en áreas críticas (como la IA y nuevas tecnologías físicas), asegura que el estudiante de la UNI esté a la vanguardia, evitando el ‘facilismo práctico’ y fomentando un análisis profundo y crítico de las nuevas herramientas.»

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