1. ¿Qué lecciones del ejercicio profesional considera que son difíciles de aprender en el aula, pero fundamentales para el desarrollo de una carrera?
La universidad proporciona las bases técnicas y enseña a pensar de manera estructurada, algo que en mi caso valoro profundamente de mi formación como ingeniero en la UNI. Sin embargo, existen aprendizajes que solo se adquieren en el ejercicio profesional. Entre ellos destacan la capacidad para relacionarse con personas de distintos perfiles, generar confianza, negociar, liderar equipos y tomar decisiones en entornos de incertidumbre.
También es difícil aprender en el aula cómo funcionan realmente las organizaciones, cómo influyen los intereses de las personas en las decisiones empresariales o cómo construir credibilidad profesional a lo largo del tiempo. En mi propia experiencia, gran parte de mi desarrollo no estuvo relacionado directamente con los cursos que estudié, sino con la capacidad de combinar herramientas técnicas con habilidades de comunicación, liderazgo y relacionamiento.
Por ello considero que la formación técnica es indispensable, pero no suficiente. La carrera profesional se construye cuando el conocimiento técnico se complementa con experiencia práctica y habilidades humanas.
2. Desde su experiencia, ¿Qué importancia tiene contar con referentes o mentores a lo largo de la vida profesional?
Creo que contar con referentes o mentores es extremadamente valioso. A lo largo de la vida profesional enfrentamos decisiones complejas: cambios de trabajo, oportunidades de crecimiento, conflictos organizacionales o situaciones donde no existe una respuesta evidente.
Mirando hacia atrás, reconozco que en algunos momentos me hubiera sido muy útil contar con alguien que me ayudara a analizar alternativas con mayor perspectiva o que me advirtiera sobre riesgos que yo no estaba viendo. Un mentor no necesariamente tiene que ser una figura formal; puede ser un jefe experimentado, un colega, un familiar o un amigo de confianza que aporte una visión objetiva.
Los aspectos técnicos normalmente pueden resolverse estudiando, investigando o consultando a especialistas. Lo más difícil suele ser evaluar las consecuencias de ciertas decisiones profesionales o personales. Allí es donde la experiencia acumulada de un mentor puede marcar una diferencia importante.
3. ¿Cómo cree que ha cambiado la forma en que los profesionales construyen y mantienen sus redes de colaboración?
Las herramientas han cambiado mucho. Hoy existen plataformas digitales y redes profesionales que facilitan el contacto entre personas de distintas empresas, industrias e incluso países. Mantener una red es más sencillo que hace algunas décadas.
Sin embargo, considero que la esencia sigue siendo la misma: las relaciones profesionales se construyen sobre la confianza, la credibilidad y el valor que uno aporta a los demás. Las redes no se desarrollan únicamente intercambiando contactos o conectándose en una plataforma digital. Se fortalecen trabajando juntos, resolviendo problemas, cumpliendo compromisos y manteniendo relaciones genuinas en el tiempo.
En ese sentido, la tecnología facilita el contacto, pero la confianza continúa construyéndose a través de la experiencia compartida y de la interacción humana.
4. ¿Qué actitudes o enfoques considera que ayudan a afrontar mejor los cambios que surgen durante la vida profesional?
La principal actitud es mantener una disposición permanente para aprender. Mi trayectoria profesional me llevó desde la minería hacia sectores tan diversos como la hidráulica, la automatización, la metalmecánica, las instalaciones eléctricas y posteriormente la docencia universitaria. Cada transición exigió adquirir nuevos conocimientos y adaptarse a realidades distintas.
También considero fundamental mantener la humildad intelectual. Nadie sabe todo, y muchas veces las mejores decisiones surgen de escuchar a quienes están más cerca de los problemas. En los temas técnicos, por ejemplo, siempre he creído que las respuestas se encuentran en el campo, conversando con los responsables y comprendiendo la realidad operativa.
Finalmente, la capacidad de relacionarse con las personas, trabajar en equipo y mantener una actitud positiva frente a los desafíos suele ser tan importante como el conocimiento técnico para enfrentar los cambios exitosamente.
5. Finalmente, ¿Qué valor cree que aporta el PROUNI al generar espacios de encuentro entre estudiantes y profesionales de distintas generaciones?
Considero que uno de los mayores desafíos de la universidad es reducir la distancia que existe entre la formación académica y la realidad de la industria. Muchas veces los estudiantes reciben una sólida preparación teórica, pero tienen pocas oportunidades de conocer cómo funcionan realmente las organizaciones y cuáles son las competencias que demanda el mercado laboral.
En ese contexto, iniciativas como PROUNI tienen un enorme valor porque permiten conectar generaciones, compartir experiencias y acercar a los estudiantes a profesionales que han recorrido distintos caminos. Estas interacciones ayudan a ampliar perspectivas, conocer oportunidades, evitar errores comunes y comprender mejor las exigencias del entorno profesional.
Además, creo que el rol de organizaciones como PROUNI debe orientarse precisamente a fortalecer el vínculo entre la universidad y la industria. Cuando los estudiantes tienen acceso a experiencias reales y a referentes profesionales, pueden complementar su formación académica con una visión más práctica y estratégica de su futuro desarrollo profesional.


